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Jesús en Galilea (Mc. 1, 14-15)

Jesús en GalileaQueridos hermanos, queridos amigos, queridos Milicianos: el texto que acabamos de escuchar pertenece a San Marcos en el Capítulo VI. El Evangelio de Marcos es el más corto de todos, San Mateo tiene veintiocho capítulos, Lucas 24, San Juan 21 capítulos. Marcos solamente dieciséis capítulos. Y por eso Marcos entra inmediatamente a hablar de la vida pública de Jesús, de su predicación, salvo los primero doce versículos del capítulo primero donde narra la predicación del Bautista anunciando la venida del Mesías, el bautismo de Jesús que es la primera manifestación pública de la divinidad de Jesucristo y la tentación en el desierto, inmediatamente empieza Marcos recordando las palabras de Jesús, “el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios ya está cerca de vosotros, convertíos”. Hay que convertirse porque han llegado los tiempos en que el reino de Dios va ser instaurado en medio de nosotros.

Y entonces en estos primeros capítulos, capítulo primero hasta el séptimo, San Marcos nos va a relatar el ministerio de Jesús en Galilea, el capítulo 8, 9 y 10 va a relatar el ministerio de Jesús fuera de Galilea. El capítulo 11, 12 y 13 van a relatarnos el ministerio de Jesús en Jerusalén, y el 14, 15 y 16 la pasión, muerte y resurrección del Señor. Por eso este capítulo sexto está incorporado dentro de los relatos que el evangelista hace del ministerio de Jesús en Galilea. Y el evangelista pone especial énfasis en mostrar que Jesús movía multitudes predicando la palabra, atraídos por la palabra de Jesús, atraídos sin duda por esta maravillosa y espléndida presencia del más bello de los hijos de los hombres, atraídos por los milagros y las curaciones que hacía que mostraban su amor y su misericordia a los pobres. Las muchedumbres lo rodeaban. Y en estas circunstancias va recorriendo las ciudades de Galilea, haciendo milagros y predicando.

En una ocasión va a cruzar el mar de Tiberiades, va ir a Cafarnaúm, y allá va a tener lugar aquel milagro del endemoniado de Gerasa a quien el Señor increpa y le quita de la posesión demoníaca. Extraño personaje que vivía en los sepulcros, y que nadie podía reducir ni reprimir, y hace que la legión de espíritus inmundos se posesione de unos puercos, eran cerca de 2000, y la piara de puercos se arroja al mar.

Después San Marcos dice que Jesús vuelve a Galilea, y ahí tienen lugar dos milagros importantes, resucita a la hija de Jairo, y cura a la hemorroísa. Y es en esas circunstancias es cuando Jesús vuelve a Nazaret. Nazaret era su casa, el lugar donde Él había vivido los ocultos años previos a su vida pública. Y llega a Nazaret acompañado siempre, seguido siempre por esta enorme multitud de gente que no le daba tiempo, dice el evangelista, aún ni para comer. Él ya había estado en Nazaret antes de esta ocasión, y era tal la muchedumbre que lo apretujaba, que en esa ocasión sus parientes que se enteran que está Jesús lo quieren salvar de la muchedumbre, y cuando van y ven la muchedumbre y el discurso de Jesús, seguramente toda esa suerte de emotiva y extraña situación de los que seguían a Jesús, se dicen: “está fuera de sí…, está loco”, y lo dejan. Ahora Jesús vuelve a Nazaret su ciudad natal, entra a la sinagoga y empieza predicar, y su predicación conmueve y asombra a quienes lo están escuchando. Y una vez más estos que formaban parte de su familia, de su pueblo, no terminan de entender quien es este personaje. ¿Acaso ellos no habían compartido con Jesús su vida en esa suerte de apacible estancia de Jesús con María y José en Nazaret? Algunos de los que estaban ahí, ¿no lo conocían a Jesús desde pequeño? Este personaje que ahora está idolatrando a las muchedumbres, que está haciendo milagros, ¿de dónde saca este poder? Nosotros sabemos que vivió aquí en Nazaret, treinta largos años. Los evangelios no dicen nada de esos largos años de Jesús en Nazaret, salvo Lucas que hace el relato aquel que ustedes conocerán de Jesús cuando tenía doce años, era un escuderito, va con sus padres a Jerusalén en la pascua y se pierde, los padres creen que está en la peregrinación y no está. Un día después del viaje se dan cuenta que Jesús no estaba, lo buscan no lo encuentran, vuelven a Jerusalén y lo encuentran sentado en medio de los doctores, escuchando y predicando a los doctores de la Ley y se quedan también pasmados, y la Virgen le recrimina: “hijo ¿porque haces ésto con nosotros? tu padre y yo te buscábamos”. Estaban alterados, como se alteran los padres cuando se les pierde un hijo. Y Jesús le responde, “¿porque me buscabais?, ¿no sabéis que yo me debo ocupar de las cosas de mi Padre?”. Y ahí termina el relato de la vida oculta de Jesús.

El evangelista añade, Lucas en este caso, que simplemente “el niño crecía en edad, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres”. No sabemos más relatos de la vida oculta de Jesús. Los evangelios apócrifos traen algunos aportes, dicen que Jesús cuando era niño hacía palomitas con barro, las soplaba y las palomitas salían volando…, puede ser, era el Hijo de Dios, pero no está en los relatos canónicos, entonces puede ser una fantasía. Pero más allá de eso no sabemos nada más de la vida oculta, conocemos ahora la vida pública. Pero estos que estaban ahí escuchándolo en Nazaret, sí conocían la vida oculta de Jesús, y sabían que hasta ese momento Jesús había tenido la vida de un hombre común, y por eso dicen “¿pero éste no es el carpintero?”. Y ahora ¿de dónde le viene este poder para decir las cosas que dice, y hacer los milagros que hace? Y Jesús entonces se transforma en un signo de contradicción. Y no nos tiene que alarmar, porque ya aquel viejo Simeón que lo recibió en sus brazos el día en que la Virgen y José lo llevaban para las circuncisión y presentación del templo, el viejo Simón lo recibe en sus brazos y dice: “ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al que trae la salvación”. Y anuncia y profetiza: “este va a ser signo de contradicción, y una espada va a atravesar tu corazón”, le dice a la Virgen, porque este es el misterio del Hijo de Dios, es signo de contradicción.

Y sigue siendo signo de contradicción. La Iglesia asume este hecho misterioso de Jesús como signo de contradicción. A nosotros a veces nos gustaría que no fuera signo de contradicción. Que en todo caso lloviera fuego del cielo y destruyera a los que no creen en Jesús. Que en todo caso los que nos crean en Jesús fueran reprimidos violentamente, y se terminó, que no sea signo de contradicción, es el Hijo de Dios, hay que aceptarlo, hay que recibirlo para salvarse. Pero Él sigue siendo signo de contradicción, el mundo sigue diciendo “está loco”, -de Cristo y de la Iglesia-. Otros como ocurrió en Pentecostés cuando vino el Espíritu Santo y los hizo hablar a los apóstoles en diversas lenguas, decían: “están borrachos”. Y Pedro dice: “no, no estamos borrachos, es el Espíritu Santo que está manifestándose en nosotros”.

La Iglesia queridos míos, va a seguir siendo siempre signo de contradicción, y entonces aparecerán estas tremendas contradicciones entre el mundo y el misterio de Dios y su revelación. Y aparecerán los Evo Morales, los Kirchner, y los que ustedes quieran, aparecerán mostrando estos signos, y los Zapateros, este terrible Zapatero de España, signo de contradicción. Y hay que asumirlo a esto, porque además esta dimensión de contradicción está instalada también en nuestro corazón. Para nosotros Cristo es un signo de contradicción. Por eso hay que salir de la carne y convertirse al Señor, para que deje de ser un signo de contradicción.

Mientras tanto y hasta que no nos convertimos, ¿que es Cristo? Una vez el Señor le preguntó a sus apóstoles: “¿quién dice los hombres quien es el hijo del hombre?”. Y le dijeron: “unos que Elías, otros que Jeremías”. Y ustedes mis apóstoles, ustedes que están al lado mío, ustedes que me han escuchado y me han visto hacer los milagros, “¿quien dicen que soy? Y tomando la palabra Pedro le dijo: tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo”. Y le dice el Señor: “bienaventurado Simón bar Jonás, -bienaventurado Simón hijo de Jonás- porque esto, -el poder decir que Cristo es el hijo de Dios, el poder salir de la contradicción, el poder descubrir la verdad de Dios- no te lo ha dado ni la carne ni la sangre sino mi Padre que está en el cielo. Y por eso yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Y la piedra sobre la cual se edifica la Iglesia de Cristo, seguirá siendo signo de contradicción.

Tras salir del signo de contradicción hay que recibirlo a Jesús. Pero para recibirlo, no tengo que buscar entender, la ecuación es exactamente al revés como dice San Agustín, “no busques entender para creer, cree y entonces vas entender”. Yo también tengo que recibirlo a Jesús, porque vino a los suyos dice San Juan, “y los suyos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron”, -a los que salieron de la contradicción, a los que descubrieron que era el unigénito Dios, a los que entendieron que era el Hijo Dios, a los que lo vieron como El Salvador, a los que entendieron que Jesús era el Dios poderoso y misericordioso que salvaba- a esos les dio el poder de ser hijos de Dios, no en cuanto nacidos de la carne y de la sangre, sino en cuanto nacidos de Dios, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Este Verbo de Dios, este Hijo de Dios que como signo de amor y de misericordia vino a nosotros, vino a tu corazón, y tú lo recibiste, este Verbo de Dios te hace hijo de Dios. Y si no lo recibiste, te condenas, te condenas, porque solamente el que dice que Jesús es el hijo de Dios puede salvarse. Y esta es una gracia de luz, una gracia de misericordia, es la fe de mi bautismo que Dios me ha insuflado en mi corazón, tengo que agradecerles a mis padres que me hicieron bautizar. Y haciéndome bautizar, ellos también me quisieron salvar de la contradicción, para que yo creyera que Él es el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, y me salvará, si no me carcome el corazón la duda infecta de no creer, o de no saber si Jesús es un borracho, un loco, o un desmedido.

Hay que cuidar la fe, es una gracia, hay que cuidarla porque también abusamos de la fe y abusamos de la gracia. Y abusamos de la fe y de la gracia cuando no obedecemos a la fe, cuando la recibimos pasivamente y no respondemos a los anuncios interiores que Dios hace en nuestro corazón para que veamos y salgamos de la contradicción. Porque estamos sumergidos siempre en la contradicción, entre el hombre carnal y hombre espiritual; el hombre interior y el hombre exterior; el hombre de la naturaleza y el hombre de la gracia; siempre metidos en esa contradicción, pero el Señor Jesús con su gracia y su fe nos ilumina, nos revela. El Espíritu Santo nos empuja, nos saca de la contradicción, nos pone frente a la verdad para decir creo, creo. Y cada vez que decimos creo, salimos de la contradicción.

Que así sea.

 

Padre Fosbery

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