Una mañana de invierno de 1977, el Padre Fósbery y Carlos Rossini pasean por las galerías de la UNSTA. Súbitamente se detienen frente a la mole de ladrillos que crece detrás del convento. Carlos Rossini habla, más o menos así:
-¡Qué desperdicio! Vamos a tener que pensar en algo para darle una mayor utilidad a este edificio.
El Padre asiente con la cabeza.
Para Carlos hay dos caminos: dar clases por la mañana o...
-Abrir un colegio.
La propuesta del Padre lo deja perplejo."Cuando empecé a dar las Teologías en la UNSTA -recuerda el Fundador- percibí el bajo nivel académico y formativo de muchos jóvenes tucumanos".
¿Por qué Ángel María Boisdron? Dicen que en algunos casos el nombre marca el destino de una cosa. El Padre Boisdron llegó a Tucumán en 1870, y rápidamente se transformó en el formador de Alberto Rougés, Ernesto Padilla, Juan B. Terán y otros ilustres tucumanos, que llegarían a fundar la UNT. Nuestro colegio también debía ser un espacio que formara a los futuros dirigentes católicos de la sociedad tucumana.
La idea de utilizar el edificio de la UNSTA es descartada.
En Agosto, el Padre se entera que las Hnas. Terciarias Franciscanas venden un predio en la calle Buenos Aires 548. El predio viene con premio: una estructura de cemento abandonada por las monjas. En un rapto de inspiración inmobiliaria, el Padre Fósbery sabe que ahí debe levantar el colegio. La única alternativa es buscar un comprador de ambos lotes, que luego donara a FASTA el de la calle Buenos Aires.Sencillamente, un milagro.
Pasan los días, los meses, el verano, sin ninguna novedad.
Encontrándose en Mar del Plata, en Marzo de 1978, el Padre recibe un llamado. Es la Madre Provincial de las Hnas. Terciarias Franciscanas exigiendo el cierre -o no- de la operación. El Fundador, en un rapto de "absoluta irresponsabilidad", le asegura que firmará todo la semana entrante. La promesa vence en nueve días.
El viernes siguiente a la mañana debe "cerrar" la operación en Buenos Aires. Resignado, el jueves a la tarde el Padre compra un pasaje para el vuelo de las 20.30. Ya en el aeropuerto, inesperadamente recibe una llamada de "Cacho". Un arquitecto de apellido Domínguez está dispuesto a comprar ambos lotes. Y lo mejor: está dispuesto a la donación. Son las 20.25, a punto de embarcar, ahora hay que parar el avión.
"Su atención, por favor, Austral anuncia la demora del vuelo 902 con destino a Buenos Aires". Enseguida llegan "Cacho", el comprador y un escribano. Ya casi no llueve, pero el vuelo sigue extrañamente demorado. El arquitecto llena el cheque a nombre del Padre Fósbery. No pide recibos ni otros compromisos. Y justo en el apretón de manos, llaman a los pasajeros del vuelo 902.
Cinco minutos. Tiempo suficiente para pedir, recibir y agradecer un milagro...
¿Qué entienden nuestros padres o nuestros hijos cuando decimos familia, persona o libertad? ¿Y cuando decimos que algo está bien o mal? Para poder educar es necesario entender los mismos significados acerca de las mismas palabras.